A solas con la soledad, 5 razones para disfrutar solo

¿Por qué le tenemos tanto miedo a la soledad?

Los seres humanos somos seres sociales y como tal necesitamos compartir y estar con otras personas para aprender, crecer, reír, compartir.

En este sentido, vivimos algunas veces la soledad como un estado en que nuestro yo social se siente incomprendido, perdido, abandonado. Vemos la soledad como ese lugar al que llegamos cuando nuestro paso por el mundo se hace pesado, difícil. Un lugar donde sentimos miedo, tristeza, desarraigo. La soledad no tiene por qué ser un refugio para huir de nosotros mismos.

La podemos convertir en ese salón confortable donde pasar la tarde con nosotros, mimarnos, sentirnos y venerarnos como seres únicos que somos. Puede ser un lugar donde transitar con nuestro mejor amigo: nosotros mismos. Ese lugar donde nos oímos, nos escuchamos, nos amamos y nos abandonamos al placer de ser, a la construcción de nuestro yo. Estar a solas con la soledad es una de las mejores terapias para el desarrollo personal, un camino necesario en nuestro trabajo espiritual.

SoledadAlgunas razones para disfrutar de la soledad

  1. La soledad nos hace libres. Nos permite reflexionar y valorar que es lo mejor para nosotros, qué necesitamos. Poder pensar cómo nos sentimos realmente, lejos del ruido externo.
  2. La soledad nos ayuda a establecer relaciones más sanas y sólidas con las demás personas. Nos permite desconectar de la dependencia que muchas veces establecemos con las demás personas. Nos ayuda a encontrar el equilibrio, a posicionarnos frente al otro, a entenderle desde un mayor conocimiento de nosotros mismos.
  3. En soledad podemos escuchar lo que resuena dentro de nosotros, eso que no somos capaces de escuchar cuando escuchamos lo de fuera, nuestra cabeza, la cabeza de otros. Ganamos en autoconfianza y seguridad y nos fortalecemos.
  4. La soledad deja fluir nuestra imaginación y nos ayuda a construir nuestra propia realidad desde lo que somos y desde lo que necesitamos.
  5. Cuando nos escuchamos y construimos nuestra realidad somos más felices y positivos y creamos un mundo donde fluimos con nosotros y nuestro entorno. Un mundo en el que empezamos a depositar la fe, la certeza de que lo que viene siempre será necesario, un aprendizaje que nos hará mejores y más libres.

Algunas recomendaciones para pasar una tarde contigo

  • Busca un lugar donde estar solo, una habitación de tu casa donde te sientas bien.
  • Crea un ambiente que invite a la relajación y que te genere bienestar: velas, incienso, luz tenue, música relajada…
  • Siéntate o échate (como te sientas más cómodo) y concéntrate en tu respiración. Siente como el aire entra y sale de tus fosas nasales. Deja que el aire vaya invadiendo cada parte de tu cuerpo, siéntelo. Respira profundo y disfruta, poco a poco, de la respiración y de la sensación en tu cuerpo.
  • Investiga qué sientes en tu cuerpo, donde sientes algo diferente, dónde te cuesta más llevar el aire. Piensa por qué te sientes así y trata de desbloquear esa zona con la respiración. Cada vez te sentirás más relajado, sentirás mayor bienestar. Tu cabeza dejará de estar ocupada con pensamientos del día y se sentirá relajado, tu cuerpo se sentirá liberado.
  • Ahora piensa en ti, en qué cosas hay en tu vida que te gustaría cambiar, qué cosas te hacen sentir mal y cómo podrías transformarlas. Piensa cómo te gustaría que fuera tu vida y qué cambios podrías hacer para lograrlo.
  • Visualízate en un futuro haciendo las cosas que te gustaría, logrando las cosas que necesitas, siendo consciente de que puedes hacerlo, disfrútalo. Sé realista, analiza y diferencia las cosas que realmente son importantes de las que no lo son. Entiende que la mayoría de las situaciones que ocurren en tu vida están en tu cabeza y que de ella depende que haya un cambio.
  • Escribe todo lo que sientes, todo lo que te gustaría, todo lo que crees que debes aprender. Desátate. Libérate. Cuéntate a ti mismo todo lo que no compartes, todo lo que se queda dentro almacenado.
  • Cuando dejes de escribir prepárate una bebida que te guste y que nutra tu cuerpo, siéntate y disfruta de su sabor, su textura. Reconfórtate y agradece tenerte, agradece contar con ese nuevo amigo que te ha hecho disfrutar la tarde.
  • Sal a pasear y descubre el mundo con tu nuevo amigo.

 

Feliz descubrimiento. Namasté.

 

 

Escrito por Equipo AIYA


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