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Verdadera transformación.

Inducir un cambio en alguien requiere paciencia. Hablo de un cambio de verdad. Una transformación que cambie nuestra percepción de la cosas y que pueda traducirse en hechos concretos.
Cuando comparo este proceso con la docencia académica por ejemplo, encuentro que la transmisión de conocimientos intelectuales, por complicados que sean, ofrecen mucha menos resistencia por parte del que esté aprendiendo.
Intentar producir un cambio profundo en otros a veces puede ser descorazonador. Ya que van en contra de nuestro ego y de nuestras “ideas más brillantes”. Sin embargo cuando sucede, aunque solo sea una persona entre cien, todo el esfuerzo del que intenta producir ese cambio, cobra sentido y se ve recompensado.
En estos días he tenido la suerte de ser testigo de esto. Y solo por esta persona y su testimonio, ha valido la pena todo el trabajo que he desarrollado durante este último año. Sé que no es la única que está madurando en este sentido, pero si una de las que más directamente me lo han expresado.
Me contaba como haba vivido el trabajo del “compartir consciente” el año pasado y en concreto de un retiro que hicimos este verano en el que trabajamos “el miedo”. Me contaba que le habían vuelto a llamar de su antiguo trabajo. De su profesión de siempre, aquella de la que salió huyendo y que decía que no volvería a hacer nunca más. Pues bien, allí estaba, narrando me como haba vuelto. En principio por motivos económicos claro, y con cierta reticencia. Pero luego se dio cuenta que haba cosas que habían cambiado.
Me contaba que aunque el trabajo y el entorno seguían siendo parecidos, esta vez se sentía diferente. No tan vulnerable. Mas fortalecida respecto a lo que venía desde fuera. Pues había descubierto la forma de buscar sus cimientos en algo estable y seguro. Y sobre todo lo haba vivido.
Pero no solo eso. Sino que se daba cuenta que haba personas de su entorno laboral que la buscaban. Por el mero hecho de estar en su presencia. Para recibir un abrazo. Una palabra amable. Una mirada. Pues cuando uno empieza a estar con serenidad, aun en medio de la adversidad del día a día, esta presencia se transmite a los demás. Sin quererlo. Sin hacer ni buscar nada. Simplemente los demás buscan la compañía de alguien que empieza a habitar y vivir desde su yo verdadero.

Sigue así, un día a la vez.
Dedicado para ti.

Pedro

Publicado por Pedro / Publicado el 09 Sep
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