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Soltar. Sutras del corazón

Pedro Arce historias de recuperaciónHistorias de recuperación

Marta lo sabía. Lo supo desde el principio. Desde que pilló a su pareja en aquella mentira sin importancia. ¿Por qué le dijo que había llegado tarde aquella noche porque le habían llamado, si esa llamada nunca se había producido? Para quedar tranquila se encargó de comprobarlo en un descuido, sisándole  el móvil y escudriñando su registro de llamadas. Era absurdo y no se sentía bien haciendo aquello. Recordaba el odio que sintió cuando descubrió de jovencita que su madre le leía su diario a escondidas. Pero sentía que estaba totalmente justificado en su caso. Así va uno traspasando ciertos límites personales, a través de sólidas justificaciones.

Ella lo intuía. Era un rumor lejano apenas audible en la vorágine de la ruidosa cotidianidad. Sin embargo, algunos días al caer la noche, mientras permanecía en silencio podía llegar a percibirlo.

A veces, él llegaba más tarde de lo acordado con una colección de justificaciones con textura a papel mojado. Otras, las más incómodas, provenían del vibrador de su móvil. Un siniestro zumbido que le tensaba. Era muy sutil, pero ella era capaz de entrever a través de su imperturbable rostro cierto desasosiego. Nunca soltaba aquel teléfono, ni lo tenía con el sonido activado. O por lo menos nunca mientras estaba con ella.

Era cariñoso y guapo, eso sí.  Estos fueron los ingredientes que se mezclaron, junto con el miedo a quedarse sola de nuevo y tener que volver a empezar de cero, los que formaron un firme cemento con el que fraguó un bunker en el que se protegía de las evidencias. Señales que percibía pero que no se permitía admitir. Y así fueron pasando los meses y varios años.

Un día una amiga la llamo: -“Marta,tengo que contarte algo. Ayer por la tarde, le vi con otra mujer. Soy tu amiga tía, tenía que decírtelo”-.

-“¿Quién sería?”-Pensó angustiada- “Anoche no llegó tarde. Probablemente fuese alguna compañera del trabajo”.-

Su mente se embotó y quedó suspendida al borde de un abismo de miedo. Miedo a la soledad, al rechazo, a…

De repente percibió un sonido de llave entrando en la cerradura de casa. Era él.

Cuando Dios trata de avisarte que ha llegado el momento de soltar una relación, escúchale. Sino dejará que sufras hasta que no te quede otra opción que hacerlo.

Pedro

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Publicado por Pedro / Publicado el 30 Jun
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