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Compañeros de práctica

La capacidad de recibir las sugerencias de los compañeros de camino es la medida de nuestra práctica espiritual.

Aproximadamente una vez por semana deberíamos poder sentarnos con nuestra gente, la familia escogida, con tus hermanos de práctica y comentar lo que estás haciendo con tu vida y aquello que más miedo te da hacer. El compartir debería ser desde nuestra propia experiencia y con el lenguaje del corazón. Deberíamos poder expresar donde nos encontramos en ese momento, con sinceridad:
 
-Quiero mandar todo a la mierda. No encuentro sentido a mi trabajo, o a mi relación, o….
-Estoy aterrado a que suceda esto o aquello…-
 
Sé que crees que abrirse a los demás es arriesgado. Llevamos toda la vida intentando hacer justo lo contrario. Ya que esto supone mostrar tu parte más vulnerable, pero no harás ningún progreso con la máscara de “todo va bien”o “soy fuerte”. Eso agota y te va restando fuerza. Pero sobre todo te merma credibilidad frente a ti mismo. Y no hay nada más patético que saberse un fraude.
 
Debería existir un compañero que pudiese contarte su experiencia al respecto en alguna situación similar a la que estás viviendo. Que comparta su propia espiritualidad y lleve una vida acorde con ello. No a través de la palabrera ni las teorías de libros, sino de las acciones. Cotidianas. Sencillas y contundentes.
Este es el tipo de personas de las que te debes rodear. Gente que te inspire, que te trasmita fuerza a través de su ejemplo personal. Gente valiente, tan valiente que sea capaz de contarte sus puntos más débiles, sin miedo. Pues saben que a través de ellos adquirieron la humildad para darse cuenta de la dimensión de su práctica y de lo que es realmente importante. Pues de esta forma se sintieron hermanados y ya no volvieron a estar solos. Y desde aquí, un da a la vez y con ayuda de sus compañeros y de Dios, como cada uno lo sintiese, fueron capaces de caminar por territorios por los que nunca hubieran imaginado transitar ni en sus mejores sueños.
 
Gracias a este camino descubrí que mi fuerza no venía de mi voluntad, ni de mis grandes ideas. Descubrí que mi fuerza emergía de forma proporcional a mi capacidad de rendición en cada uno de los asuntos de mi vida.
 
Gracias por ayudarme a crecer. 
 
Recuerda que si quieres, no estás solo.
Hagámoslo juntos!
 
Pedro
 
Publicado por Pedro / Publicado el 09 Oct
  • Comentarios del post 1

    Publicado por Jaime el
    • Oct 29 2015
    Responder  
    El juez más implacable.

    Muchas veces me he sentido inmerso en el lado más oscuro y frío de la tristeza, de la impotencia y de la angustia.
    Ahogando el grito que emergía de mi interior en busca de ayuda, pensando en que ese gesto desesperado haría que me mostrara débil ante los demás, y que irremediablemente me expondría al juicio de los que me rodeaban.
    Así de traicionero se muestra mi ego. No sólo inmovilizándome, sino haciendo que deposite la responsabilidad de mi inmovilismo en el otro En un otro abstracto, sin nombre, sin rostro
    Es doloroso reconocer que soy yo precisamente el juez más implacable para conmigo. Y que es esa idea de no mostrar a los demás lo que a mi mismo me desagrada lo que hace que me aisle, y que me enrede en la telaraa de mis pensamientos y de mi mente burlona que una vez tras otra se salen con la suya y me llevan a permanecer herido e inmóvil, aun teniendo la certeza en lo ms profundo de mi de que si no planto batalla no conseguir ni una pequea victoria.
    Poco a poco voy despertando, y aun embargado por mis miedos, cada vez doy un pequeño paso más allá. Y muchas veces caigo, y me levanto, antes o después, con mayor o menor fortuna, pero con la sensación reconfortante de que al final tengo quien me tienda la mano.
    Y me doy cuenta de que esa mano es tendida de igual a igual, no desde la superioridad o arrogancia de quien se permite enjuiciar al herido, al caído
    Al final mis compañeros me escuchan desde el amor y la generosidad que ellos mismos me regalan al compartir conmigo su dolor, y su alegra Y nadie más que yo me juzga.
    Son esos brazos que se abren ante mi de forma incondicional prestos a recogerme en la cada los que me ayudan a andar, pero he de ser yo sin duda, quien se levante y camine sin miedo y rodeado de ellos.

    Gracias compañeros de viaje.

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